Producto y arquitectura
De la conversación con quien usa la herramienta al diseño: datos, permisos, flujos y lo que no hay que construir. Arquitectura que se pueda operar, no un diagrama para la presentación.

Consultor IT y responsable de sistemas
El oficio cubre las dos mitades de la tecnología en una empresa: construir software y hacer que la infraestructura funcione todos los días. No son encargos separados. Una aplicación sin red, copias ni política de parches no es un sistema; una red sin criterio de producto acaba en un cementerio de herramientas.
Trabaja como responsable de IT: decide, opera y rinde cuentas. El desarrollo es parte de ese mandato, no un servicio que se entrega y se olvida.
Diseña y construye el software que el negocio necesita de verdad: aplicaciones a medida, integraciones entre sistemas, APIs, automatizaciones y herramientas internas. Empieza por el problema, no por el stack.
De la conversación con quien usa la herramienta al diseño: datos, permisos, flujos y lo que no hay que construir. Arquitectura que se pueda operar, no un diagrama para la presentación.
Desarrollo, puesta en marcha y mantenimiento. Código, deuda técnica, versiones y cambios que no rompan el día a día. Si un proveedor o un SaaS cubre el caso, se dice; si hay que hacerlo in-house, se hace con criterio de quien luego lo va a sostener.
Identidad, copias, red, certificados y despliegue forman parte del mismo encargo. El software entra en producción con un sitio claro en la infraestructura, no como un artefacto suelto.
La dirección de sistemas es el trabajo cotidiano: que la empresa pueda trabajar, que un incidente no se lleve los datos y que las decisiones técnicas no dependan de un comercial externo.
Inventario de lo que hay (sistemas, firmware, aplicaciones, dependencias). Ventanas de parcheo, prioridad de seguridad, pruebas y plan de vuelta atrás. Nada de “actualizar cuando se pueda”: un criterio escrito y una cadencia que se cumple.
LAN, Wi‑Fi, DNS, VPN y acceso remoto. Segmentación cuando hace falta, direccionamiento, cortafuegos y el cableado lógico de sedes o de un holding con varios oficios. La red se diseña, se documenta y se mantiene; no se improvisa el día que cae.
Qué se copia, dónde vive, con qué frecuencia y durante cuánto tiempo. Copias fuera de la máquina de origen y, lo que casi nadie hace, pruebas de restauración. Un backup que no se ha recuperado nunca no es un backup.
Superficie de ataque, accesos, identidades, certificados, secretos y el mínimo de servicios expuestos. Cuentas con privilegio, revisión de quién entra y por dónde, y hábitos que no dependen de un antivirus milagroso.
Servidores, contenedores, reverse proxy, correo y servicios internos. Identidad centralizada y permisos por rol. Monitorización suficiente para enterarse antes que el usuario, y un mapa de “qué hay y de qué depende” para cuando algo falla a las siete de la mañana.
Puesto de trabajo, flota, proveedores y compras técnicas. Qué merece contrato, qué se puede hacer en casa y qué riesgo se acepta por escrito. El responsable de IT está para que esas decisiones no las tome el último incidente.